TRADUCIR TAMBIÉN ES INCLUIR

Diversas son las manifestaciones del arte y diversos son los públicos que acceden a ellas. ¿Pero qué sucede con aquellos que, por su diversidad funcional, encuentran vedado el goce de los productos culturales y artísticos?
Si partimos de la inapelable premisa de que una de las funciones que definen el quehacer museístico incluye garantizar el derecho al acceso de las obras que forman parte de la colección, creo, afirmo y sostengo que la inclusión es uno de los temas más relevantes en la agenda social y cultural de los tiempos que corren.
Y dado que el constante desarrollo de la cultura ha dado lugar a nuevos actores sociales y a la visibilización de sus diferentes roles dentro del campo cultural –poniendo en valor la tarea del curador en tanto puente entre el arte y la sociedad,– propongo también otorgar una fresca mirada al traductor, en tanto facilitador del acceso a los bienes culturales y patrimoniales, gracias a la posibilidad que brinda su labor de mediador entre las obras culturales y aquellos a los que su goce les ha sido vedado.
La cultura de una sociedad se presenta como un espacio complejo y en constante crecimiento, que demanda aptitudes y conocimientos específicos para que los proyectos artísticos y culturales sean apreciados por esa sociedad toda, mediante una apropiada gestión de los recursos. Brego, entonces, por la implementación de políticas culturales que contemplen la accesibilidad en todas y cada una de sus aristas –ya sea en programas artísticos, muestras, festivales, museos, galerías o exposiciones de arte.
Y si el trabajo curatorial concierne no solo la posibilidad de mostrar el desarrollo de una nueva temática o el enfoque sobre el quehacer de un artista sino también la generación de nuevos públicos para ese arte, celebro la posibilidad de que se incorpore la figura del traductor para que el arte penetre y abrace a todo el colectivo de personas con discapacidad que aún no pueden aprehenderlo.
En particular, el traductor obra aquí como adaptador que posibilita a las personas con algún tipo de discapacidad sensorial tener un acceso funcional y autónomo al arte. Así, por ejemplo, los museos han ido introduciendo la técnica de la audiodescripción –en tanto “traducción intersemiótica en la que se traslada a un texto lingüístico oral contenidos que en su forma original son imágenes en una exposición museística”. (Jimenez Hurtado 2010:17)
La audiodescripción puede considerarse entonces una narración que traduce o reconstruye lo que un normovidente puede apreciar a través del sentido de la vista. Un texto descriptivo que busca generar en su receptor una imagen exacta de la realidad que estamos transmitiendo en palabras, lo que da como resultado una suerte de “pintura verbal”. En definitiva, describir es como pintar con palabras.
Se dice que sentir es un arte más. Y la inteligencia emocional es la habilidad que tenemos las personas de comprender nuestras emociones y conectar con las emociones de los demás, de una manera especial que nos permite “ponernos en la piel del otro”. Sintonizar con la fibra más íntima de ese otro nos permite compartir su alegría o su pesar. Y me atrevo a enunciar que si todos lográsemos ejercitar nuestra inteligencia emocional, la sociedad actual sería más empática y menos injusta. Puesto que cuando despierta en nosotros el dolor o el sufrimientodel otro poniéndonos en su lugar, despierta también el deseo de ayudar y actuar siguiendo los principios morales. Para no convertirnos en un pueblo carente de sensibilidad frente a otro que calla un ahogado grito clamando justicia e igualdad.
Traducir en tiempos de inclusión me ha llamado a la reflexión y por ello los invito a tomar conciencia, en la era digital en la que vivimos, a no “perder el tacto”. A sentir al otro y sentir con el otro. Entender que se puede sentir diferente y que hay diversas formas de sentir el arte.
Las nuevas técnicas y herramientas que derivan del oficio del traductor se proponen otorgar una real accesibilidad a las colecciones en los museos a aquellas personas con discapacidad sensorial que requieran de los apoyos necesarios para percibir el arte. Desde mi labor íntimamente relacionada con la comunicación, me veo interpelada por la urgencia de contribuir en la interpretación de esas necesidades del colectivo y aportar soluciones de bajo costo pero de altísimo impacto, haciendo hincapié en el derecho a disfrutar del ocio y la cultura que las personas con discapacidad tienen. Si entendemos que la discapacidad es a causa de una barrera externa y no una mera limitación aislada, habremos dado el primer paso de cara a una verdadera sociedad inclusiva.

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