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LAS CLAVES PARA HACER ACCESIBLE UNA VISITA A LOS MUSEOS PARA TODAS LAS PERSONAS

La cultura es uno de los pilares de cualquier sociedad. Una pieza del complicado engranaje del progreso sin la cual solo un distópico con imaginación podría adivinar qué hubiera sido de la civilización sin ella. No solo eso. La cultura nos hace libres y son las muletas de cualquier evolución personal o simplemente un salvavidas emocional. Es decir, es casi un bien de primera necesidad. Como tal, su acceso se convierte en un derecho inalienable y las administraciones tienen la obligación moral de garantizar su “suministro”.

Pongamos como ejemplo los museos. Esas puertas a la historia y a los sentimientos actuales y antiguos de cuyas paredes cuelgan las verdades y miserias de la humanidad. La ética nos señalaría que todo ese saber debería ser accesible al conjunto de la población con independencia de su edad, raza, sexo o religión. Es por ello importante recordar que quienes tienen alguna discapacidad no deberían ver sus derechos mermados y su presencia en este tipo de recintos debería ser la normalidad.

¿Qué podemos hacer al respecto? Afortunadamente es un problema con fácil solución. No todos los museos comparten la misma arquitectura y es por ello necesario la colaboración de expertos en accesibilidad. Especialistas que sean capaces de conjugar comodidad, seguridad y facilidad de acceso.

Por ello, y en líneas generales, para poder decir que un museo es accesible, en el amplio sentido de la palabra, se deben tener en cuenta distintos elementos que enumero a continuación.

En primer lugar, debemos poder trasladarnos al Museo de forma cómoda y segura. Esto implica un compromiso para que tanto las calles como el transporte sean accesibles y no un peligro para las personas.

Una vez hemos llegado al destino, la entrada al recinto debe ser accesible para todos. Es decir, y esto es fundamental, debe estar al nivel de la calle, si fuese posible, ser un lugar amplio y eliminar cualquier tipo de obstáculo.

Pero ojo, antes de disfrutar de una jornada en el museo, sería lógico consultar los horarios y toda la información sobre las obras que vamos a ver. ¿Dónde? En la web. Si la página del centro no es accesible para todos, sin darnos cuenta, estaremos privando a un número importante de personas de su derecho a la cultura.

Una vez cruzamos la entrada, deberíamos encontrar puntos de atención accesibles. Además, las taquillas, el ropero, la venta de entradas, los puntos de información y todo lo que se espera de un centro de estas características debe estar pensado para que todos seamos capaces de comunicarnos y acceder con facilidad.

Quizá estamos hablando de un mostrador con una zona rebajada para que un usuario de silla de ruedas o una persona de talla baja pueda recibir información. También, rótulos en macrotipos, braille y altorelieve ayudarán a personas con discapacidad visual, así como la instalación de un bucle magnetico puede ayudar a que personas con discapacidad auditiva consigan una mejor comunicación.

Además, la documentación que se aporte debe ser accesible. Podriamos tener un folleto en braille, un código QR o textos en lectura facil.

La señalética en todo el museo debe estar pensada para orientarnos de manera cómoda a todos. Si la señalización no se diseña bien nos encontraremos con personas que se pierden, que muchas veces no ven los rótulos y que tienen que consultar a trabajadores del museo. Al final, los visitantes acabarán con un mal sabor de boca y lo que podía haber sido una experiencia inolvidable se habrá convertido en un contratiempo continuo.

La circulación dentro de un museo debe ser cómoda y segura. Sin obstáculos, sin salientes que puedan ser un peligro para ciertos visitantes y sus acompañantes.

Sobra decir que los servicios higiénicos deben ser adaptados. Lo ideal sería, al menos, uno por planta. Sería un engorro que solo exista un baño de estas características en la última planta y tengamos que movilizarnos hasta allí.

Como se visita un museo para admirar determinadas obras, una de las piedras angulares de estos recintos es la luz. Es importante que los pasillos cuenten con visibilidad suficiente y, por supuesto, las obras deben estar iluminadas de manera local.

Una vez que ya hemos asegurado que podemos entrar y pasear sin problemas por el museo, así como utilizar sus distintas instalaciones, debemos dar un paso más. Por ejemplo, ¿Cómo podemos acercar las obras a las personas invidentes? ¿Cómo conseguimos que un ciego sea capaz de visualizar un cuadro o imaginar una escultura antigua que está protegida?

Pues existen diversas formas. Podriamos usar la audiodescripción que, sin duda, ayudan a describir en detalle la obra y además sitúan al autor, su época así como sus intenciones y sentimientos plasmados.

Pero no es la única alternativa. Existe la posibilidad de crear réplicas que se puedan tocar, recorrer y sentir para hacer completa la experiencia de acercarse a una determinada obra. No nos engañemos, a todos nos gusta tocar, no s

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